Gustaw Herling – En la muerte de Nicola Chiaromonte

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En la muerte de Nicola Chiaromonte

Gustaw Herling*

 

18 de enero 1972

Me llama R. por teléfono desde Roma: ha muerto Nicola Chiaromonte. Un infarto, el segundo después de más de diez años. Ni siquiera estaba en su casa, sino en las oficinas de la radio, donde estaba grabando un programa. Decir que he perdido un amigo entrañable y fiel se queda muy corto. Últimamente no nos veíamos mucho, pero a mí me bastaba saber que tenía cerca a alguien como él, un hombre maravilloso. Sin él será difícil vivir en Italia, difícil y vano. Además del dolor, la sensación de una amenaza que se cierne sobre mí.

19 de enero de 1972

Lo conocí en 1956, cuando, junto a Ignazio Silone, fundó la revista Tempo Presente[1]. Me propusieron escribir para ella. Hoy se pueden leer y escuchar elogios a Tempo Presente, el periódico italiano más agudo, estimulante e independiente de la posguerra. Pero en aquel entonces, en aquella atmósfera de conformismo intelectual, mala fe, desinformación y entumecimiento moral, los números de Tempo Presente generalmente eran recibidos con hostilidad, cuando no con repulsión y haciendo rechinar los dientes, y se solían acompañar de la habitual y estúpida etiqueta «producto de la guerra fría». En cualquier caso, para mí, un escritor polaco emigrado que se acababa de instalar en Italia, la posibilidad de echar el ancla en aquel puerto natural fue un regalo del destino.

Chiaromonte hablaba de sí mismo a regañadientes, y sin embargo ya había oído hablar mucho de él. A comienzos de los años treinta había decidido marcharse de Italia. En el ambiente de la emigración antifascista de París entró en contacto con el hombre al que, más tarde, consideraría su maestro durante toda su vida. Este maestro era Andrea Caffi, nacido en San Petersburgo, hijo de un italiano y una rusa, menchevique, y por tanto encerrado en una cárcel de Moscú después de la revolución, viajero solitario y erudito poco propenso a escribir, un poco al estilo de nuestro Stempwoski. Nicola aprendió de él el respeto por el socialismo libertario, la aversión hacia la arrogancia del poder y del Estado, así como un concepto tan elevado de la amistad que hacía pensar en las normas de las sectas o las comunidades religiosas. Combatió en España en el escuadrón aéreo de Malraux. Tras la derrota de los republicanos, regresó a Francia. Se vio obligado a huir constantemente porque los alemanes andaban tras él. En Argelia encontró un alma gemela, Albert Camus. En 1941 se marchó a Estados Unidos: allí pasaría seis años, enseñando literatura inglesa en institutos y colaborando con revistas como politics o Partisan Review. Finalmente, podía volver a escribir y publicar: había pasado mucho tiempo desde que sus textos aparecieran en Giustizia e Libertà, de los hermanos Rosselli en París.

Gustaw Herling y Nicola chiaromonte (Roma, 1965)
Gustaw Herling y Nicola Chiaromonte (Roma, 1965)

Cada nueva conversación, cada nuevo ensayo, incluso un apunte sobre política o una reseña teatral me revelaban un escritor no muy común en Italia, un país de literatos tradicionales, virtuosos que escribían garabatos elegantes y banales al servicio de las últimas modas intelectuales. Escribir de forma que la frase no sea sólo expresión de un pensamiento claro y libre, sino también de una continua tensión moral, de modo que en la palabra palpite con todo su ser aquel que la pronuncia como si fuese su verdad, una palabra largamente meditada y sufrida: es algo que siempre me ha atraído. Y así escribía Nicola. Jamás se dejó atrapar en las redes de los «grandes sistemas» ni de las «interpretaciones generales»; miraba con recelo los «juegos dialécticos» que deforman la vida, así como las «sombras ideológicas» que ocultan la realidad: despreciaba el psicologismo y el historicismo, le interesaba el hombre concreto ante acontecimientos concretos, el hombre capaz de formular un juicio ético, tal y como hacía Tolstoi, pero que al mismo tiempo es consciente de algo impenetrable que existe más allá de él. Este «humanismo» con límites, ¿cómo podría haber hallado más eco en un mundo seducido por la retórica de las falsas ideologías «universales», en un clima de hipocresía mezclada con fanatismo, en una «civilización consumista» compuesta por corazones áridos y mentes estériles? Nicola cada vez era más consciente de su aislamiento. Había titulado su último libro Creer y no creer[2]. ¿En qué creer, en qué no creer? «El nuestro no es un siglo de fe, pero tampoco es un siglo de incredulidad. Es el siglo de la mala fe, de las creencias impuestas con la fuerza, por falta de otras, verdaderas». ¿Cuál es el remedio contra la mala fe, la terrible enfermedad de nuestros tiempos? Buscaba este remedio desesperadamente. Él, ateo, o como mínimo agnóstico, me confesó un día: «Creer en Dios es tan difícil como no creer en Él».

En abril del año pasado, si mal no recuerdo, vino a visitar Maisons-Laffite: hacía mucho tiempo que quería ver cómo se vivía y se trabajaba en la redacción de Kultura. Lo acompañé a la estación: mientras subía al tren, de repente se inclinó hacia mí y susurró: «Os envidio». En boca de Nicola, un pesimista firmemente convencido de que únicamente en el Este se seguía tratando de luchar por el valor de la existencia humana (véase nuestro diálogo sobre Solzhenitsyn en Kultura[3]), estas palabras poseían un significado muy preciso.

 

* Dziennik pisany noca (Diario escrito de noche), a partir de la edición en italiano Diario scritto di notte, Feltrinelli, 1992. Traducción de Salvador Cobo.

[1] Las líneas que siguen hasta el final del párrafo pertenecen a otro fragmento del Diario escrito en la noche, en esta ocasión del 28 de agosto de 1978, escritas en homenaje a Ignazio Silone tras su fallecimiento. He decidido incluirlas aquí para completar la visión de Herling sobre Tempo Presente y el contexto en el que se elaboraba esta revista. (Ésta y las demás notas son del traductor)

[2] Se trata de la edición italiana de The Paradox of History. Se publicó un año después de ésta, y contaba con dos capítulos más.

[3] Recogido en Silenzio e parole, Rizzoli, 1978, antología de textos literarios y filosóficos de Chiaromonte.

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