Quién era

Nicola Chiaromonte (1905-1972), escritor, filósofo, crítico de teatro, amante de la cultura griega. Antifascista, tuvo que huir de la Italia de Mussolini y exiliarse en Francia (desde 1934 a 1941). En 1936 marcha a España para combatir en la Guerra Civil en el escuadrón aéreo de André Malraux, de quien era amigo. En la novela que escribiera sobre esa experiencia, Malraux recrea a Chiaromonte en el personaje de Giovanni Scali, joven historiador del arte de aspecto grave y severo, que lee en sus ratos libres los Diálogos de Platón, y que no deja de suscitar difíciles cuestiones de orden ético y moral en relación a la guerra.

De regreso en Francia, se ve obligado a huir hacia el sur a medida que el ejército alemán va ocupando el país. Durante la huida fallece su mujer Annie Pöhl, pintora austriaca de origen judío. Escapa a Argelia -donde trabará amistad con Albert Camus- y desde allí viaja hacia Estados Unidos, donde permanecerá desde 1941 hasta 1948, formando parte de la comunidad de exiliados antifascistas de Nueva York, muy cercano a la izquierda antiestalinista y libertaria reunida en torno a la revista politics. En 1948 regresa a Europa, y tras trabajar para la UNESCO en París durante tres años, en 1951 regresa a la Italia polarizada entre democristianos y comunistas de los años ’50 y ’60, en la que se sentirá cada vez más extranjero. Entre 1956 y 1968 codirigió junto a Ignazio Silone la revista Tempo Presente. Falleció en Roma el 18 de enero de 1972 de un ataque al corazón.

Nicola Chiaromonte

Íntimo amigo de Alberto Moravia, Hannah Arendt, Albert Camus, Mary McCarthy, Dwight Macdonald o Ignazio Silone. Crítico con las revueltas de los jóvenes estudiantes estadounidenses, italianos o parisinos. Utópico y libertario. Individualista y solitario. El «último maestro secreto del siglo XX», en palabras del historiador del arte Maurice Nadeau. Enemigo de los dos grandes movimientos de su época: el totalitarismo político y el totalitarismo de la máquina. Rechazó la idea de Historia —con h mayúscula— y la confusión entre progreso humano y progreso técnico. Durante toda su vida luchó por denunciar la moral de su época, que él definiera como el tiempo de la mala fe, y en consecuencia trató de erigir una ética que se le opusiera, basada en la idea de límite.